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De Cocoliches y Tilingos. Notas sobre La Grieta y la pasión futbolera.

De Cocoliches y Tilingos
Una lectura de La Grieta desde la pasión futbolera

A manera de ensayo etimológico, es posible improvisar una serie de sinónimos en el diapasón acerca de La Grieta. Brecha, rajadura, desfiladero, abertura, fisura, quiebre.

Mas psicoanalíticamente: vacío, hiancia, instersticio.

Pero ¿Cómo se instala el concepto dentro de un marco social? Aparece como posible intención que define una lógica geopolítica. La Grieta demarca dos lados, que la mas de las veces ejerce una operatoria aristotélica en tanto el Ser. De un lado de la grieta se Es. Identidad, No-contradicción y Tercero Excluído.

De éste lado de la Grieta aparece un Ser por oposición binaria al ser que se vislumbra mas allá de la orilla opuesta de la Grieta. Esta operatoria no solo ordena el mundo y lo explica, sino que también porta el pretencioso menester de querer predecir el futuro.

La tranquilidad de ésta operatoria es inquietantemente atractiva pues se cae el la ilusión de creer saber qué es lo que está por ocurrir. Si de éste lado hay A, enfrente hay B. Inevitablemente, C sucederá cuando se crucen.

A guisa de ejemplo, acá hay un K y allá un M. Algunos que han tenido el extraño privilegio de haber presenciado silentes la receta para el desastre que esta mixtura ocasiona durante el asadito, han vislumbrado el momento de máxima angustia en el que la Grieta amenaza con tragarlos.

No hace falta un Postgrado en Psicoanálisis para explicar éstas pasiones y su concomitante angustia. A pesar de que el Narcisismo de las Pequeñas diferencias puebla esta dinámica -recuerde el lector ejemplos tales como los peruca, los chilotes, los paraguas, los bolitas, los yoruguas, los mejicas, los brazucas y así; en donde las cucarachas que se ven aquí son siempre propiedad del vecino- la Grieta parece ser una metáfora ordenadora en tanto productora de angustia.

De nuevo, no hacen falta muchas luces para recortar la metáfora y su paralelo: la grieta, la zanja, la mancha, la raja, la arruga. Freud describe así la “visión siniestra de los genitales mutilados” en el primer encuentro con la genitalia femenina, la angustia de castración. Esto presupone la existencia de un Otro omnipotente, devorador presto a fagocitarnos; la desaparición del Sujeto como sujeto deseante. Si deseo ser leproso ante la canallada, evito así la invaginación devoradora de la Grieta.

Mas coloquialmente, se me ocurre un chiste en donde un borracho entra al bar con una tiza en la mano y traza una línea en el suelo, dividiendo la clientela en dos. Y exclama “-De esta línea pa’ la izquierda, son todos unos hijos de puta. Y de la línea pa’ la derecha, se van todos a la concha e’ su madre.” Agraviado, uno de los parroquianos presentes se pone de pié y responde: “-Momentito Señor, que yo no soy ningún hijo de puta.” El borracho, contesta: “-Entonces vayasé a la concha e’ su madre.”

El oprobio del insulto hecho pasión vela la angustia de la Grieta. Entonces los binomios de pares opuestos aparentemente complementarios se multiplican por efecto de la pasión oscurecedora. Hay Bosteros o Gallinas, hinchas de Ford o Chevrolet, Soda o Pappo, Perón o Balbín, Kirschner o Macri, Tehuelches o Hell Angels; Cocoliches o Tilingos. A veces toca perder, pero al menos no se cae en la concha de su madre: lo que no se quiere ver sino de soslayo, la Grieta.

Lacan dirá: “la angustia no es sin objeto”, subrayando la operatoria de semblante que caracteriza a la Grieta, causa de la angustia. El objeto fanaseado semblante de esa angustia resulta eclipsado –sincopando- a aquello que se teme y resultaría vehículo hacia el fondo de la ignominia desubjetivizante, el abismo:

Definite, Jugá(te).
O sos K o sos M.
Si no, andá (se va todo a) a la concha de tu (su) madre

Ahora, sería esperable que esta geopolítica atravesara todos los saberes e idiosincracias –o al menos, su mayoría. No obstante, este no es el caso. Si así fuese, podriamos imaginar un grupo de hinchas de equipos de Polo arrojándoles gas pimienta a los jugadores del equipo contrario. Con cantitos como:

-Fumamos la vinchuca,
matamos el ñandú,
acá viene el aguante
de Indios Chapaleufú.

Mientras la contra retruca:

-Te quiero así, que hinchada fina,
somos los locos del tablón de La Delfina.

Y los arriba descriptos, a su vez acérrimamente enfrentados a la disciplina del Yatching, al grito de:

-Olé, olé olé olé, Germán Frers…

Pese a que los ejemplos estén llevados a una tensión ridícula de efecto hilarante, cabe el interrogante acerca de las causas que provocan la Grieta tan arbitrariamente. Es particularmente pues la contracara de la Grieta muestra su fatalismo encarnado en violencia. Algo del juego de las pasiones se interrumpe y falla, y sobreviene un encuentro con lo Real. Generalmente, ante la aparición de un arma y la muerte. Un juego -impuesto- falla. Sus eufemismos; accidente, fatalidad, destino- desde donde los opuestos suspenden temporariamente sus diferencias hermanados en la culpa y el dolor. Se juega entonces el fulbito de Navidad en la Tierra de Nadie, sombrío y efímero epílogo que gatilla el mito y rito ad infinitum.

Sin embargo estaríamos cortos de vista al no vislumbrar que los pares opuestos son a su vez un nuevo semblante con un sinnúmero de complejizaciones. La ubicuidad de lo sin-ley propio de la Grieta desborda su cauce hacia ambas orillas. La pasión futbolera apaña a flor de agua siniestras intenciones políticas y sus concomitantes zonas liberadas, en donde a la postre as cifras millonarias presuponen una ganancia con temprano aterrizaje al Paraíso. Cayman Islands, Suiza, Panamá. El interior y el Exterior… ¿Es necesario volver al parelelo psicoanalítico?

Mientras, Planeros y Gorilas continúan revoleando sus casacas en el tablón, exhibiendo sus vergüenzas de vientres ensanchados a choripán los unos y de bronceados parciales en Floripa Ilha, los otros.

Cordura de Cordera de Dios, un tiro en el corazón de Favaloro. Si la Grieta se cierra, no será sino porque su propia omnipotencia invocará ultimamente la Ley que ordene los semblantes que ocultan la perversión inherente del juego impuesto. Irónicamente, las Cristinas y los Lanatas se terminan llevando el oro. Hasta ahora, ambas orillas de la grieta continúan bailando El Refalón. El cocoliche y su abigarrada mezcla de antepasados inmigrantes. El Tilingo; cursilería y superficialidad, disimulando su linaje.